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Hay autos que impresionan cuando los ves y otros que empiezan a gustarte cuando los escuchas. El Ferrari 296 GTB hace las dos cosas antes de siquiera moverse. Su V6 biturbo de 2.9 litros, acompañado por un motor eléctrico, entrega 830 cv al eje trasero y lo lleva de 0 a 100 km/h en 2.9 segundos. Pero las cifras son apenas el principio. Lo que realmente enamora es la forma en la que responde, la manera en que el sonido del motor crece detrás de ti y esa sensación de que el coche siempre está un paso adelante de lo que vas a pedirle.
Su diseño tiene algo difícil de conseguir en un superdeportivo moderno. No necesita gritar para llamar la atención. Flavio Manzoni tomó inspiración del legendario Ferrari 250 LM y creó una carrocería limpia, baja y llena de curvas que parece esculpida de una sola pieza. Los hombros traseros, las tomas de aire, los flying buttresses y la pequeña cola truncada hacen que cada ángulo tenga algo distinto que descubrir. Incluso detenido, el 296 transmite movimiento. Es elegante, agresivo y extraño en la medida exacta para que, después de verlo, sea difícil dejar de pensar en él.
Y entonces lo manejas. El sistema híbrido no está ahí para quitarle emoción, sino para multiplicarla. El motor eléctrico entra justo donde tiene que hacerlo, mientras el V6 sube de vueltas con una intensidad que hace olvidar cualquier prejuicio sobre los seis cilindros. Todo sucede con una precisión casi absurda, pero sigue sintiéndose mecánico, vivo y profundamente Ferrari. El 296 GTB no busca solamente ser el más rápido. Busca provocar algo. Y cuando lo consigue, entiendes por qué Ferrari sigue siendo Ferrari.